Primera versión.
Nace un
insecto en plena naturaleza, a nadie podría extrañarle, la mayoría no se fijaría en el asunto. Pero yo soy el animal que vaga salvaje, que es
sin ayuda, que esta contento, que no conoce otra cosa. Corro libre y surco el mar. Cazo. Vivo en un
agujero en el suelo, el mismo que pisáis. Soy libre para obrar como desee. Y os
observo, viviendo en enormes cajas de zapatos con agujeros. Abrigados del frío,
salvados del calor, llevando siempre la contraria al tiempo. No os comprendo.
Podrían pasar mil años y desde mi pequeño observatorio seguiría sin entenderos.
Destrozando el mundo, existiendo tan despreocupados y a la vez tan
destructores. No podéis poneros de acuerdo ni discrepar. Dejáis el significado
en casa. Y así os difumináis en la edad para que no podáis ser más que las
extremidades fantasma, sin nombre, de un motor que se mueve para un bien común
que no beneficia a nadie. Todos vuestros brazos forman el mundo, pero qué poco
mundo abarcan vuestros brazos.
Segunda versión.
La vida de un
bicho comienza en el mundo salvaje, no se alarma nadie hasta ahora. Aunque la
mayor parte pasaría de largo el tema. Pero yo soy esa criatura que
camina, que existe sin auxilio, y es feliz. Voy con prisa y navego. Mato a
otros seres para comer. Estoy en una abertura en la tierra, la misma sobre la
que andáis. No estoy sujeto para hacer y deshacer a mi antojo. Y os veo,
habitando gigantescas construcciones de cementos con ventanas. Calentitos, o
refrescados, contrariando siempre el ambiente. No os entiendo. Pasaría un
milenio y desde mi puntito de vista no seria capaz de comprenderos. Destruyendo
la Tierra ,
viviendo tan desentendidos y a la vez tan guerreros. No sois uno ni muchos.
Olvidáis lo que representa en vuestro hogar. Y desaparecéis de ese modo en la
historia para no ser más que unos brazos invisibles, innombrables de un mecanismo
que funciona para un vosotros que no existe. Tanta mano unida a esta tierra y
tan poca tierra entre las manos.