Qué se hace cuando al no tener nada que dar,
buscas entre los escombros de baúles viejos
y no ves más que las ausencias,
los trozos que no están,
las siluetas de las cosas que fueron.
No hablo de corazones hechos de grieta y grito,
ni de emociones supurando por unos labios pálidos.
Hablo de todo lo que se ha apagado,
toda la tela que antes nos vestía
y que va perdiendo color en el armario.
Los te quiero sinceros que ahora son solo letras
¿por qué se perdieron?,
¿cómo los olvidé?
¿Encerramos lo que sentíamos en una jaula de oro?
¿Lo aturdimos hasta volverlo puré?
Le dimos descripciones, poemas y palabras,
información científica y música sedante,
rostros y brazos distintos,
lugares remotos y oscuros,
y entonces sí se quedó ciego, y sordo, y mudo.
No entiendo los que divulgan un "te quiero" tras de otro,
como simiente entre la paja,
y por la paja.
Te quiero como el eslogan de un anuncio de cocacola.
Te quiero para los ojos de este teatro que nos observa.
Te quiero de feria, entre el licor y a última hora.
No te quiero en silencio.
No te quiero en una sonrisa mal reprimida
No te quiero del que se anuda en la tripa
y se pulveriza sobre los huesos.
No te quiero del que cambia el ADN y la forma en la que miro por la ventana los domingos que no como contigo.
Te quiero amable mientras me convenga.
Palabras que no llegan ni para empezar a prender un hogar,
y no buscan compañía en los ojos de quien las recibe.
Ni un hogar en el que ponerse incómodo y aprender.
No me dejéis escritas sensiblerías,
olvidad mi soberbia,
prestaos oído atento.
Buscad entre las fotos un te quiero sincero,
delicado en los oídos y que retumbe en el esternón,
que no nos de alas,
si no un sitio donde aterrizarnos,
que nos diga sé, ve, haz,
y luego vuelve,
si puedes.
Que no nos diga canta ni nos cante,
que sea la canción en nosotros.
Sin celos, ni violencia.
En calma.
Como si toda pretensión e historia no importasen.
Como si todo se hubiese borrado por fin salvo su nombre.
Sólido, inabarcable.
Lleno de temores, pero sin cobardía.
Vulnerable.
Dulce.
Que no necesita pasear de boca en boca,
de mano en mano.
El te quiero que me gustaría poder decir,
y que no puedo.
El primer te quiero que me gustaría entonar, de nuevo,
y que no sé.
El último te quiero que diría
aunque no moviese ni un pelo.
Aquí, en mitad del caos de quien huye de un naufragio sin mirar atrás.
miércoles, 30 de mayo de 2018
A propósito de decir te quiero.
He rescatado Margarita
Es una margarita. Todo el mundo piensa que las margaritas son vulgares, flores inútiles que quedaron para los románticos viejos, las niñas tontas y los jardines abandonados. Yo, sin embargo, cuando la encontré, mecida por el aire que cruzaba el patio, como una pequeña ninfa que bailaba entre las hierbas, y luego dormitanba sobre la tierra, pensativa; sentí en un instante cómo me entregaba más de lo que podía esperar. Más que un sí, un no, un no lo sabemos.Sentí cómo me entregaba la inspiración para sentarme y volver a empezar aquella historia que tenía abandonada en el cajón.
La acogí con todo el amor que me permiten estas manos cansadas y rígidas que tengo. La saqué a bailar por la calle oscura y gris, hasta mi casa; y el sol empezó a colarse entre las nubes, discreto. Cuando llegábamos a mi portal iluminaba ya cada pétalo blanco y húmedo de la flor. Sonreí. Solo sonreí a medias. Su forma de cabecear entre mis dedos parecía pedirme que la quisiera, en paz, sin interés, con cautela. El tipo de amor que llevaba años sin ver. El tipo de amor que la mayoría no llega a entregar en su vida. Puede que debiera deshojarla como se suele hacer con las margaritas, preguntándole entre susurros si algún día tendré, si me querrá. Preferí acompañarla, darle los buenos días, cambiarle el agua, hasta que como todas las cosas, me abandonó.
La acogí con todo el amor que me permiten estas manos cansadas y rígidas que tengo. La saqué a bailar por la calle oscura y gris, hasta mi casa; y el sol empezó a colarse entre las nubes, discreto. Cuando llegábamos a mi portal iluminaba ya cada pétalo blanco y húmedo de la flor. Sonreí. Solo sonreí a medias. Su forma de cabecear entre mis dedos parecía pedirme que la quisiera, en paz, sin interés, con cautela. El tipo de amor que llevaba años sin ver. El tipo de amor que la mayoría no llega a entregar en su vida. Puede que debiera deshojarla como se suele hacer con las margaritas, preguntándole entre susurros si algún día tendré, si me querrá. Preferí acompañarla, darle los buenos días, cambiarle el agua, hasta que como todas las cosas, me abandonó.
martes, 1 de mayo de 2018
Contarte sin rima, ni ritmo, ni tiempo
Quiero contarte una historia de amor que no tenga rima,
ni ritmo, ni tiempo; quiero contarte que no quiero más vida que tenerme a mí misma, tumbada aquí, contigo, un minuto en silencio.
Quiero ponerle cortinas a esta habitación siniestra, e
iluminarla de risas por dentro; perderme en un parque junto a ti, y no
regresar, no querer regresar, mientras dure el día.
Siempre he sido una criatura, y extraña, inhóspita,
errante, insolente. Siempre al tenderle la mano al mundo me la he quemado, y ha
llovido, pero aún sigue la piel humeándome.
Puedo poner la mira en un lugar lejano. Pero si estoy
sola la miopía me gana la partida y no me muevo.
Puedo pensar en apenas mil formas de pedirte perdón o de
estar ahí para ti. Lamento tener que ser esta y no otra, escuchar sin entender, preocuparme, no decir lo que siento en el fondo, no saber cuándo callarme.
No hay canciones para dedicar y rededicar, ni más minutos de trailer para esta peli. No hay recuerdos en la manga, ni más lagunas mentales, o baches que remontarte.
Hay camino. Camino para cerrar las heridas con pétalos de una flor y miel en los párpados,. Hay aún días para retarlo todo, sentirnos cansados, no conseguirlo, dormir.
Quiero contarte una historia de amor que no tenga rima, ni ritmo, ni tiempo; quiero contarte una historia de amor que no tenga te
quieros, ni lo sientos. Parece que no llego a ninguna parte, pero pertenezco a
un lugar. Ahora que lo sé por fin importa. Siempre vaticinaremos tormentas como si fuesemos el hombre del tiempo. Ninguno lleva paraguas y nos hemos aficionado a que arrecie.
Nunca diré que es el fin de la historia, nunca serás más
hermosa que ayer, nunca te regalaré suficientes flores, nunca tendremos un loft en Manhattan ni una casa de bruja del bosque. Chillo, escupo, te llamo hija de mil putas y después te beso. He acabado escribiendo en un rincón, ciega. Cuando coja el autobús, y
vea tu rostro mirar por la ventana distraído, diré que es mi suerte, pero nunca
que soy yo.
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