miércoles, 30 de mayo de 2018

He rescatado Margarita

Es una margarita. Todo el mundo piensa que las margaritas son vulgares, flores inútiles que quedaron para los románticos viejos, las niñas tontas y los jardines abandonados. Yo, sin embargo, cuando la encontré, mecida por el aire que cruzaba el patio, como una pequeña ninfa que bailaba entre las hierbas, y luego dormitanba sobre la tierra, pensativa; sentí en un instante cómo me entregaba más de lo que podía esperar. Más que un sí, un no, un no lo sabemos.Sentí cómo me entregaba la inspiración para sentarme y volver a empezar aquella historia que tenía abandonada en el cajón.
La acogí con todo el amor que me permiten estas manos cansadas y rígidas que tengo. La saqué a bailar por la calle oscura y gris, hasta mi casa; y el sol empezó a colarse entre las nubes, discreto. Cuando llegábamos a mi portal iluminaba ya cada pétalo blanco y húmedo de la flor. Sonreí. Solo sonreí a medias. Su forma de cabecear entre mis dedos parecía pedirme que la quisiera, en paz, sin interés, con cautela. El tipo de amor que llevaba años sin ver. El tipo de amor que la mayoría no llega a entregar en su vida. Puede que debiera deshojarla como se suele hacer con las margaritas, preguntándole entre susurros si algún día tendré, si me querrá. Preferí acompañarla, darle los buenos días, cambiarle el agua, hasta que como todas las cosas, me abandonó.

1 comentario:

  1. como dices, una margarita es mucho más que un sí o un no. Es todo un mundo de posibilidades. Y entiende a esa pobre margarita, tenía que irse a hacer feliz a otr@

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