Hoy miraba por la ventana cómo el sol descendía sobre un horizonte en el que ya no confluimos,
y como lija las palabras se tomaban su tiempo en apelotonarse sobre mis dientes.
Y en partirlos.
Hoy el dolor no es selectivo. Y echarte de menos se queda así de corto.
Pero donde estés nos felicito hoy a ambos, caballero,
porque queda una parte tuya en mí,
y nada para naufragar,
y hierve sobre el fuego equivocado.
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