miércoles, 21 de marzo de 2018

Equinocio

A mitad de camino se ha quedado el sol, la línea del ojo, la canción que íbamos a bailar en nuestra boda, borrachos, el acorde de guitarra que no nos despegan del sistema nervioso. Y esclavos de las cosas hechas a medias, de los sonidos de fondo, de las falsas sensaciones de seguridad, escapamos. Presos en nuestras mentiras y nuestras breves lecciones de cinismo, hablamos de volar. Alto, muy alto. Voy a llegar a la punta de la torre Eiffel y a mearles a los chinos que se dedican a hacerle fotos desde abajo. Voy a llegar a la luna y a hacerme un chalet para huir del calentamiento global. ¿Qué me decís a eso? Dadnos alas y esperad con una red de seguridad debajo, por favor. Os aseguro que hay gente a la que no le da el entrecejo para cubrir tanta necedad como le habita. Y es que si no nos dan las tripas para soportar la montaña rusa de una rutina templada y una pelea hecha de ascuas enterradas en dinamita, estoy más que convencida de que en mitad de este equinocio sufriremos el destino de tantos otros Ícaros, y en vez de planear iremos directos a la caída libre. Y como los huevos: una vez cascado no hay forma de retornar. Si no nos dan las lecciones de automoción para detener la estupidez a tiempo en horizontal y con frenos, ¿qué no haremos cuando la corriente deje de ir a favor y no sepamos batir las alas, o planear al menos? ¿Inventaremos entonces nuevas formas de aterrizaje? ¿Sacaremos el paracaídas a tiempo?
El caso es que mientras caminaba por la ribera del río y las luces de las casas que más me gustaban de la ciudad iban encendiéndose, no me sentí a medio camino de ningún lugar, no quise aprender a batir nada que no fueran los huevos de la cena, y olvidando la euforia, qué día era y que poco a poco irían todos creciendo en cuanto pestañease, me senté a fumar. La noche frente al día y se ponen a medírsela. Muy bien. Felicidades a todos. Hemos llegado hasta aquí, ¿es eso lo que celebramos? Otro día de mierda que tachar de vuestros calendarios llenos de tópicos insolventes y citas a las que no acudiréis. Oigo a un gato maullar, en los arbustos. Os dejo. Seguro que me entiendo mejor con él.

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